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A cerca de la posibilidad del voto para los militares.

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Por: Alejandro

Definitivamente en nuestra nación, no se sabe por qué o por cuáles razones, si políticas, o distractoras de algo o por asuntos mediáticos, pero en todo caso no para cumplir una promesa, se lanzan cuantas propuestas se ocurren como para abrir debates que no llevan a ningún lado, que no son trascendentales; cuando lo realmente importante y que se debiese discutir, no se hace, como por ejemplo, la muerte de nuestros niños por física hambre y la responsabilidad de entidades y servidores públicos.

 

Opinión.

Por: Armando Ramírez Olarte

Para el caso, se abrió una polémica en nuestro territorio y fuera de él, por la posibilidad de introducir en la Constitución el voto para los cerca de 450 mil miembros que hacen parte de las Fuerzas Militares de Colombia, cuando en verdad no es eso precisamente lo que ellos piden al gobierno  nacional, sino mejoras sustanciales en sus ingresos y relativas al servicio.

El hecho de que actualmente ellos no acudan a las urnas, de que no decidan nada en estas instancias participativas, reservadas a los “civiles”, no deja implícito un precedente antidemocrático del Estado colombiano, además de que la propuesta de incluir a los militares como órgano deliberante y político del país, no es oportuna ni necesaria, puesto que sus funciones hoy están bien definidas y delimitadas dentro del ordenamiento jurídico, las cuales desempeñan de manera adecuada.

Pero si de tenerlos como votantes se pretende, por aquello de que tienen el derecho como cualquier ciudadano, la propuesta se antoja que es incompleta y totalmente incoherente, puesto que por un lado se busca que vayan a las urnas, bajo el supuesto de ejercerlo, pero no se les otorga la misma posibilidad de postularse para ser elegidos, de donde se deduce, con suma facilidad, que la propuesta es populista y no estudiada, pues el supuesto derecho no sería integral, como debiese ser.  

Los cuarteles, de todo necesitan, menos de que haya intervención en política y de que se les haga proselitismo, para que las argucias de algunos no hagan sucumbir en el olvido las ilusiones de aquellos que con sus uniformes, defienden de manera categórica y llegando hasta su propio sacrificio nuestro territorio, la vida y la honra y los bienes de los colombianos y, ello se convierta en un ingrediente más de desesperanza de nuestros valientes soldados, suboficiales y oficiales.

Sería inaceptable que en virtud de su orientación política, un miembro de la fuerza pública en desarrollo de sus funciones decidiese dar salida por esta vía a una circunstancia que de suyo es militar; sería preocupante que los mandos castrenses pudiesen tener poder para definir situaciones administrativas ajenas a su labor, no obstante que igualmente sería incalculable la pérdida de organización y disciplina en las filas, si se infiltrase en ellas la política, sobre todo, cuando nuestro país no es precisamente ni una centésima de lo que son Inglaterra y los E.E. U.U.

Las Fuerzas Militares no deben involucrarse en discusiones ideológicas, políticas, su encomiable labor Constitucional es de tal relevancia, de tal trascendencia, que no vale la pena siquiera que se dé la discusión en el legislativo a una pésima propuesta, que pudiese desestabilizar aún más nuestra ya deteriorada institucionalidad y la frágil democracia que existe.    

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