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Apuntes sobre el plebiscito para la paz

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Por: Alejandro

Un fuerte enfrentamiento presenciamos los colombianos entre dos posturas, el procurador y el presidente, que son básicamente las posiciones que existen en el país, con ocasión de la discusión relacionada, no solo con los diálogos de La Habana, sino con la participación activa de los servidores públicos, es decir, de que puedan o no hacer campaña activa por el plebiscito para la paz.

 

Opinión.

Por:  Armando Ramírez Olarte

Sin duda alguna, y muy a pesar de que ningún colombiano desea vivir en conflicto, ha habido reparos a la forma y el modo como se adelanta los diálogos en Cuba y ello en sí, ha suscitado todo tipo de comentarios, reacciones, posturas y propuestas entorno de las más diversas consecuencias que ello pueda conllevar, incluido el plebiscito, hasta el punto de que algunos han llamado a la Corte Constitucional a manifestarse en contra de este.

Despierta cierta suspicacia, que se haya escogido esta forma de participación ciudadana como mecanismo para refrendar los diálogos en la nación caribeña; entre otros, porque, primero, se ha decidido bajar, ajustar el umbral a una mínima participación para que pase su aprobación en las urnas y, segundo, porque el plebiscito es un mecanismo que se dirige a someter el voto a asuntos meramente administrativos y, para ello, el presidente Santos no lo requiere, pues ya la Corte Constitucional lo ha autorizado (Sentencia C-579 de 2013).

Ello se dice, por cuanto el referendo se contrae a asunto normativos y, para el caso, los acuerdos que surjan de los diálogos contienen cambios sustanciales en el ordenamiento jurídico y por ende en el Estatuto Superior colombiano, o sea, sobre la Constitución, por aquello de la incorporación a la vida civil y la participación política de los excombatientes; el sometimiento a la justicia con las condenas y las formas como se han de purgar; la implementación, verificación y refrendación de los acuerdos, entre otros, aspectos.

Desde un punto de vista natural, la paz es un valor ético y moral de las sociedades, razón por la cual debe buscarse, auscultarse en las más variadas formas para lograrla, apostarle a la convivencia armónica y pacífica de los seres humanos, lo que integra otro valor fundamental, que es el del respeto hacia los demás. No se entiende cómo los hombres viven enfrentados siglo tras siglo, con el consecuente número de víctimas y, sembrando la tierra de odio, sangre y dolor, cuando a eso no nos trajeron.

La participación política de los servidores públicos debe prohibirse, debe vigilarse pero en los comicios locales, regionales y nacionales donde se elige las personas que ocuparán cargos en las corporaciones públicas y, obviamente, a cargos uninominales, lo demás, por ser de interés nacional y por tratarse de una obligación moral de los hombres, como la paz, no debe ser objeto de restricción en su participación, como tampoco debe serlo, que se abra el espacio suficiente y necesario a todo nivel, para que quienes le apuesten al

NO, también tengan sus oportunidades y las puertas abiertas y sus espacios para expresarlo.

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