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Condiciones humanitarias e instituciones fuertes, como garantes de Paz

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Por: Alejandro

El cumplimiento de condiciones humanitarias deben ser un punto mínimo no negociable para el Gobierno Nacional en la búsqueda de la paz, dado que el país por estar metido en la negociación, no puede descuidar su institucionalidad. Por el contrario, debe propender por el imperio de la ley y el uso legítimo de la fuerza por parte del Estado para defender los derechos de los ciudadanos.

 

Opinión.

Por Martha Lucía Ramírez. (*)

La paz en Colombia debe estar precedida por unas negociaciones claras, en las que existan plazos y condiciones humanitarias que atiendan a los estándares internacionales, esto es; verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Lo cual supone que las guerrillas deben cesar los secuestros y liberar a los secuestrados, suspender el reclutamiento de menores y propiciar su liberación, acabar con los atentados terroristas contra la población civil, las fuerzas militares, la infraestructura y el medio ambiente, y finalizar con el cultivo, producción y comercialización de coca, como punto de partida para un proceso de postconflicto.

Sin embargo, resulta lamentable y doloroso que el Gobierno Nacional no solo tenga una postura permisiva frente a las condiciones mínimas que exige una paz, sino que además no haya atendido mi invitación en múltiples ocasiones a debatirlo, ni lo haya considerado en los documentos que le he entregado sobre el tema. Además, el Gobierno ha descuidado la institucionalidad y un pilar fundamental de desarrollo en el país: la lucha contra el narcotráfico. Aspectos vitales para la construcción de una paz verdadera y duradera.

No podemos seguir transitando por la senda de la ilegalidad, ni retroceder una década de esfuerzos en la erradicación de cultivos ilícitos y la lucha contra el narcotráfico, puesto que, según informes de la oficina de la Casa Blanca para el control de las drogas y  la ONU, el estimado de hectáreas de coca cultivadas en Colombia ascendió a los 159.000, reflejando un aumento del 42% en el cultivo y 68% en la producción, lo que corresponde a un aproximado de 420 toneladas métricas. Es decir, departamentos del Pacífico, el Putumayo, Caquetá, Meta y Guaviare, están nadando en coca y por consiguiente sus habitantes están siendo víctimas de todos los flagelos del narcotráfico, frente a la mirada indolente del Gobierno.

Por tanto, atendiendo al clamor de miles de colombianos que a diario nos abordan y nos escriben preocupados por la situación social, política y económica del país, exijo al Gobierno Nacional que tome medidas frente al contexto de zozobra, desesperanza e inestabilidad de las negociaciones de paz, como quiera que las guerrillas no están cumpliendo con las mínimas condiciones humanitarias, ni están dando muestras de paz. No obstante, el crecimiento de cultivos ilícitos es otra problemática asociada al accionar guerrillero, frente al que no se han implementado estrategias efectivas de erradicación y sustitución.

Marta Lucía Ramírez

Ex candidata presidencial Partido Conservador

(*) Tomado de su portal.

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