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Del ardid de muerte que se cierne sobre la niñez colombiana.

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Por: Alejandro

Los niños y niñas colombianos no lo saben, quizás no se les cruza por la mente, de que son víctimas inocentes de una maniobra macabra que podría, potencialmente, llevarlos a la muerte, dada la circunstancia misma y la forma inaceptable como se juega con sus vidas. Con prueba en mano, se puede afirmar sin dubitación, que algunos operadores usan a la niñez para aparentar que cumplen su obligación y que realmente les entrega una adecuada ración alimentaria, sin ser cierto. Eso es lo que muestran al ICBF o a las entidades territoriales; en una conducta en extremo perversa.

 

Opinión.

Por Armando Ramírez Olarte

Es, nada más y nada menos, que un atentado, no solo contra la dignidad y el orden social justo, sino también contra la vida de aquellos, la que protegen de manera insistente y por encima de los derechos de los mayores, tanto la Corte Constitucional como los jueces constitucionales, cada vez que tienen en sus manos una decisión tutelar que emitir, cuando de amparar los derechos fundamentales de la niñez nacional se trata.

Según las cifras que suministra el Instituto Nacional de Salud, entre enero y mayo de 2015 fueron 94 los casos de niños colombianos fallecidos con ocasión o por causa imputable a la desnutrición, no obstante, podemos entender con suma claridad, primero, que las cifras son muy superiores a los datos oficiales y, segundo, que la muerte por desnutrición no está asociada solo a la condición de los pequeños, ya que es menester que se tenga en cuenta el grado de desnutrición de la madre en el proceso de gestación y hasta el alumbramiento y, además, si está o no en capacidad de suministrarle al bebé el alimento materno que es tan indispensable para estas criaturas durante los primeros seis meses de vida y más, si fuese posible. 

A marzo 20 de 2016, el número no deja de preocupar, 42 niños han fallecido por causa atribuible a la desnutrición, es decir, al hambre y esto significa que es un niño fallecido cada dos días, cifra que alarma y que es injusta con los derechos de los pequeños. No obstante, el presidente Santos fue, visitó la desprotegida niñez Guajira, se tomó una foto con los pequeños y se vino. Ellos, como los colombianos, no supimos a qué fue el mandatario; pero lo que sí podemos afirmar, es que algunos  operadores aprendieron rápido del mal ejemplo presidencial.

Y, a todas estas, ¿acaso el ICBF no persiguió a comienzo de año a las madres comunitarias, FAMI y CDI cuando debió de controlar y vigilar a los operadores que suministran alimentos para los niños en el país?, ¿No dijo el ICBF, que iban a dejar lo más granado, lo mejor de los operadores, léase, entidades encargadas de alimentar en las instituciones educativas a nuestros pequeños, por su seguridad?. Ahí están los resultados.

Que se diga que nuestro suelo colombiano es de vocación agrícola y no se haga nada para asegurar la alimentación y por sacarle provecho a la agroindustria, para no citar sino un ejemplo, es sencillamente deplorable y muestra el poco o pírrico interés de los mandatarios, incluidos los territoriales, por este aspecto, si acaso un mínimo interés les asiste, porque una cosa es decirlo y proponerlo, otra es llevarlo a cabo. Ello se dice, como una forma de disminuir ostensiblemente los altos índices de mortalidad infantil por desnutrición. 

Pareciera que a la clase privilegiada y política que dirige el país no le interesa este asunto, más allá de la simple visita en época electoral con la intención de conquistar, con argucias, un voto en una urna que les permita sumar y seguir así conservando la condición de congresistas, diputados o concejales, o la de llegar a ser gobernante.  

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