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Disculpas, engaños, mentiras y el arte de gobernar.

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Por: Alejandro

Esas malas y perversas habilidades, la de entregar disculpas, engañar y mentir, parecen ser condiciones propias e ineludibles de quienes aspiran o ingresan a la nómina del alto gobierno, no solo del actual sino de todos los anteriores llámese Uribe, Pastrana, Samper o Gavirira sin descartar a las  administraciones municipales como la de Petro; claro está que este sí, el de Santos, como dicen los pelaos, “la sacó del estadio”.  Todos, absolutamente todos, tienen una capacidad inmensa para escabullir responsabilidades y trasladárselas a los colombianos  eludiendo de sus propios errores, su ineptitud y hasta la culpa de los escandalosos episodios de corrupción.

 

Opinión.

Por: Alexander Caballero.

Son muchos, muchísimos los casos que nos dan la razón sobre lo expuesto; para comenzar: ¿A quién se le ocurre  echarle la culpa de un muy posible apagón a los usuarios colombianos? ¡Eso es mucho descaro! ¿Acaso el pueblo se robó los billones de pesos que desde el año 91 vienen cobrando mediante el famoso “cargo de confiabilidad” dizque para asegurar que ¡nunca jamás! tendríamos problemas por suministro de energía?

Algunos hablan de 9 otros de 13 billones de pesos que no se sabe quién se los “embolsilló”; o quiénes. Lo cierto es que les corresponde al Gobierno y organismos de control, es decir la Contraloría, la misma Fiscalía y las superintendencias vigilar el sagrado manejo de esos dineros. No lo hicieron; ni lo van a hacer.

Ello no ha sucedido y ahora, muy seguramente con la intención de montar una cortina de humo, un distractor para aparentar acción y preocupación, la Fiscalía sale a decir que está averiguando qué paso con esos billonarios recursos; insiste en que ubicará a los responsables del saqueo.

Pero ocurre que nadie cree en esa intervención, menos de una entidad totalmente sometida al capricho y voluntad de la presidencia y sus intereses.

Se agrava el panorama con los amañados mensajes del señor Santos advirtiéndole a los colombianos que deben ahorrar energía a fin de evitar un  apagón. Mejor dicho, ahora, si no se atiende su convocatoria, si no se ahorra luz, tendrán que ordenar racionamientos “por culpa de los colombianos” que no acogieron el llamado del Jefe de Estado. En otras palabras un apagón es culpa de los nacionales y no del gobierno ni de quienes se robaron la plata.

Otro caso de engaño y mentira. ¿Recuerdan cuando el presidente Santos salió por los canales de televisión anunciando nuevas medidas para acabar con el llamado “paseo de la muerte”? Pues las muertes en los hospitales siguen peor. Lo que más dueles son los niños y ancianos, los más desvalidos, quienes fallecen esperando atención médica. También por hambre, sed y víctimas de la violencia de todo orden.

¿Recuerdan los compromisos con los campesinos, los transportadores, el magisterio y otros tantos sectores?  Con todos ellos igual; nada que cumple.

Y como si lo anterior fuera poco ahora resulta que en Colombia los buenos ya no somos buenos sino malos  y los malos ya no son malo sino buenos. Si señores; así como lo leen.

Por cuenta de las maniobras del flamante presidente en la actualidad quienes nos opusimos y nos oponemos férreamente a someternos a la criminal actividad de las Farc –entre otras cosas por llamado del mismo gobierno-, quienes no quisimos pagar vacunas, extorsiones aún a costa del sacrificio de nuestros padres,  hermanos, hijos,  familiares y bienes, de la noche a la mañana, nos convertimos en los malos del paseo.

Ahora somos considerados “guerreristas”, “enemigos de la paz”. Nada más mentiroso; quienes hemos padecido y, como ya indiqué, hemos enfrentado con valor la criminalidad de las Farc, somos quienes más deseamos la paz, pero una paz justa, sin entregarle el país a esa organización terrorista como, parece, está ocurriendo en la Habana, Cuba.

Incluso nos matriculan en el uribismo, nos asocian con los paramilitares, con fuerzas oscuras y cuanta sandez se le ocurre a los áuricos de la Casa de Nariño. Sepan que somos muchos los colombianos que deseamos la suspensión del conflicto armado, porque los hemos padecido de manera directa;  pero la queremos bajo la condición de que esta sea equitativa, con justicia.

Y para no perder el hilo, decíamos, quienes enfrentamos a la guerrilla –Farc y ELN- ahora somos los malos. Los buenos son los narcoterroristas de las Farc quienes entrarán a disfrutar de las mieles del Estado.

Es tal la entrega del gobierno  que, como alguien lo advirtió, con la próxima reforma tributaria será el señor Santos quién, vías impuestos, entre a cobrar las vacunas que antes exigían los guerrilleros con fusil en mano.

A través de varios medios –información filtrada- se ha conocido que parte de los acuerdos incluye el pago de una especie de “pensión” para todos los guerrilleros rasos, dineros que, necesariamente, saldrán del bolsillo de todos los colombianos vía tributaria, de quienes trabajamos para crear Patria.

Entonces, ¿En dónde están los billones de pesos que los jefes del grupo narcoterrorista recaudaron a través de los años? Algunos organismos internacionales aseguran que esas sumas, o en su gran mayoría,  se encuentran en paraísos fiscales.

Olvidémonos de que esa riqueza será destinada a atender la desmovilización de la tropa. Será repartida, de seguro, entre los jefes de las Farc para que gocen de buen retiro mientras los colombianos tenemos que asumir los costos que representan sostener a los guerrilleros desmovilizados; tal vez de por vida; insistimos, pensionados. Este es uno de los sapos de que dio cuenta el señor Santos.

Algo curioso: recordemos que hace algunos meses, concretamente el 12 de noviembre del 2.014, Noticias RCN entregó un informe de la Revista Forbes (www.noticiasrcn.com/nacional-pais/revista-forbes-las-farc-el-tercer-grupo-terrorista-mas-rico-del-mundo) en la cual advierte de lo anteriormente dicho. Las terroristas Farc son la tercera organización terrorista más rica del planeta solo superada por el Estado Islámico y los talibanes.

Mejor dicho, organizaciones internacionales confirma que las Farc son terroristas; y muy ricos. Sin embargo ocurre que en la reciente visita de Obama a Cuba envió a su  Secretario de Estado, Jhon Kerry, a reunirse no solamente con los negociadores del gobierno colombiano sino con la cúpula de las Farc.

Pocas horas después, en Argentina, el mismo Obama dijo, en respuesta a una pregusta periodística, que su gobierno no se reúne ni negocia con terroristas; fue indagado sobre su posición frente al Estado Islámico. ¿Entonces?

El señor Santos debe entender que la paz no es solamente hacerle concesiones a las Farc; la paz es fundamentalmente salud, trabajo digno, equidad, moralización de la administración pública –erradicación de la corrupción- y justa distribución de los dineros oficiales pero para obras, para generar bienestar.

Claro está que resulta un tanto difícil pedirle al mandatario que emprenda cruzada contra la corrupción; él mismo la promovió mediante la famosa “mermelada” que lo llevó por segunda vez al primer cargo del país.

El mensaje es preocupante. Parece que en Colombia le va mejor a los criminales que a las personas honestas.

Colombianos, preparémonos para lo peor; lo grave es que aún restan más de dos años del gobierno Santos. A propósito, ya comenzó la publicidad de la campaña Germán Vargas a la presidencia. ¡Dios nos ampare!

Reitero enfáticamente, ¡No soy uribista! Ni acompaño a ningún político de los actuales. Tampoco mamerto. Simplemente soy colombiano.

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