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El holocausto sanitario

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Por: Editor

EPS: Con licencia para matar. Medimás: típico caso de un Estado corrupto. ¿Quién paga los platos rotos? ¡Adivinen!, y les digo.

 

Opinión

Por: Octavio Quintero

Grupo GES

Fuentes: enlaces al final

Una pregunta suelta, de esas que espeta la gente cuando quiere advertir sobre algo, fue la que soltó en su cuenta de twiter la ONG Médicos de Colombia, al referirse a la reversa de la venta de la EPS, Cafesalud a Medimás: “¿Si antes lo hacía pésimo, como será ahora que no es la dueña? Dios se apiade de esos 4 millones de pacientes”.

Si algún consenso ha tenido la sociedad colombiana en los últimos años, es sobre el criminal sistema de salud, basado en un esquema financiero en donde primero está el negocio que los derechos humanos.

Dentro de este esquema, la EPS, Medimás, es heredera sobresaliente del “robo a la salud”, escándalo protagonizado por SaludCoop, en cuyo expediente salió a bailar el caballero de industria, Carlos Palacino, cogido del brazo del entonces fiscal general, Eduardo Montealegre, su asesor jurídico.

Probablemente a los colombianos nos parezca socialmente más grave la dosis personal del adicto en el bolsillo, porque hasta el expresidente Gaviria salió a los medios a echar fuegos contra el decreto que prohíbe su porte y consumo en espacios públicos, pero el sistema de salud, concebido en la ley 100 de 1993 es, de lejos, mucho más devastador y criminal que todos los grupos armados al margen de la ley, juntos.

Una aterradora estadística nos habla de más de un millón 300.000 muertes evitables entre 1998 y el 2010 a cargo de las EPS, según el Instituto Nacional de Salud (INS), citado en un artículo por la médico-siquiatra, Carolina Corcho; y si el gobierno ni siquiera se ha tomado la molestia de rectificarla, debemos darlo por cierto.

Y si es cierto, del 2010 a la fecha, su progresión, porque lo que vemos es un mayor deterioro del servicio prestado por las EPS, podría elevar a 2 millones y medio de muertes evitables dentro de un sistema sanitario diseñado para la gente, no para el negocio del sistema financiero.

Ahora, que millones de colombianos vayan de Herodes a Pilatos buscando una cita médica, gestionando una intervención quirúrgica o reclamando un remedio, eso importa menos que cuatro gatos en un parque echando humo…

Son aterradoras las estadísticas de niñas, niños y jóvenes violados y asesinados por depravados. Eso no se contradice ni sobra la reiterada denuncia en los medios… Pero es que las víctimas del sistema sanitario son cientos de veces más, y también caen en el suplicio niñas, niños y jóvenes; mujeres, ancianos y enfermos terminales que padecen y mueren.

¿Quién es, quién es?

No, nadie responde, aunque como en “la custodia de Badillo” todos sepamos quién es. En el reciente debate presidencial, pero que parece ya lejano, la salud estuvo siempre encabezando la lista de problemas más sentidos de la sociedad… pero los electores optaron por elegir al presidente que iba de la mano de los inspiradores del criminal negocio: Álvaro Uribe y César Gaviria. ¡Hágame el favor!

Y no es que Santos haya cambiado la desgracia. No, por el contrario, luchó contra el debate de control político que finalmente el senador Robledo pudo destapar en el Congreso. Pero, nada pasó.

El ministro de Salud de entonces, Alejandro Gaviria, aprovechó su carisma y dialéctica, y rodeado de solidaridad en su desgracia personal, además, sostuvo el sistema en medio del vendaval que se desató…

Tras el escándalo de SaludCoop, siguieron Cafesalud, de donde surgió Medimás. En el plano departamental y municipal, los escándalos son innumerables y algunos vergonzosos: el famoso “cartel de la hemofilia” habla por sí mismo.

Aparte de reversar errores, otra pregunta suelta salta al caso: ¿Qué castigo tendrán los responsables del desastre de una operación llena de torcidos desde el comienzo al final? Hablamos del superintendente de Salud, Norman Julio Muñoz, sancionado, inclusive, por la Procuraduría, y del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, cabeza visible de todo el sistema sanitario.

Lo de Medimás, como lo advierte la doctora Carolina Corcho, solo es la muestra de una tragedia social construida a partir de la ley 100, llevada al extremo en el Gobierno Santos que legalizó los escándalos de corrupción con decretos y resoluciones que permitieron continuar con el criminal negocio.

Lo último de su Gobierno fue echar mano de la plata del Fondo de Solidaridad de Fomento al Empleo y Protección al Cesante (FOSFEC) con el fin de que las EPS de las cajas de compensación familiar taparan el déficit que cargan a cuenta de deudas no cubiertas por el Estado porque, hasta en esto, el Gobierno contribuye a hacer más letal el sistema sanitario que impone.

Vienen más liquidaciones de EPS cuyos pasivos superan los activos. Y vienen detrás millonarias demandas contra el Estado, como la misma anunciada por Medimás que podría hasta ganar, porque, en Estado donde la corrupción impera, el más corrupto es el rey.

Enlaces relacionados con el editorial

Revocada venta de Cafesalud

Hospitales denuncian a Medimás

El holocausto sanitario

*Imagen tomada del Portal MIL

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