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Entre la parábola del alacrán, el sapo y la paz de las Farc.

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Por: Alejandro

Por estos días escuche a María Elvira Samper en RCN Radio haciendo referencia a lo que también es una moraleja en alusión a la doble moral  de las Farc que anuncian, dicen y prometen una cosa mientras alcanzan sus propósitos para luego mostrar su verdadera naturaleza. Encaja muy bien en el escenario propuesto, y más que ellos aceptado, por el presidente Juan Manuel Santos, quién, no se sabe, actúa con ingenuidad o persigue intereses superiores para él –el Nobel de la Paz- sacrificando, en cierta medida, a los colombianos.

 

Opinión.

Por: Eduardo José Narváez.

Lo visto en los últimos tiempos y en especial los meses anteriores en plena negociación, una negociación en la cual ellos ponen las condiciones –las Farc-, muestran la doble faz de terroristas que quieren aparecer como los «salvadores» de un país y sus gentes, gentes que, en realidad, no los acepta. Salvo que se encuentren frente a un fusil.

Cuenta la pieza en cuestión que algún día un alacrán le pidió a un sapo – sobra decir que el alacrán es la guerrilla y el sapo o los sapos son los colombianos- que le ayudara a cruzar un río para poder ponerse a salvo. El batracio, temeroso, le dice que no porque presiente que le clave el agujón.

Entonces el escorpión, para convencerlo, le promete que no lo hará; insiste en que no puede hacer eso con quién le va a salvar la vida. La rana accede y cuando llegan a la otra orilla el ponzoñoso vicho le clava el aguijón. “Pero cómo, usted me dijo que no me iba a picar”, dice el ya sentenciado sapo ente lo cual su verdugo contesta: “es por no perder la costumbre”. Esa es su naturaleza.

Igual ocurre en el escenario colombiano en donde los terroristas de las Farc –porque ello son- se muestran como  redentores de un país que se ha resistido a someterse a sus intereses, aún por encima de las amenazas, los fusiles,  los secuestros, la sangre y el sacrificio.

Los sucesos en el corregimiento El Conejo, municipio de Fonseca, Guajira, el pasado 18 de febrero,  lo confirma. Nos referimos a la doble moral; a la doble cara. Llegar armados a protagonizar una supuesta charla –los jefes guerrilleros- para, supuestamente, ilustrar a sus tropas sobre los acuerdo de paz en la Habana, como era su compromiso, viola esos pactos haciendo asistir a la población civil con rifle en mano.

A estas alturas de la presente nota y antes de seguir es oportuno aclarar que el autor de la misma, es decir Eduardo José Narváez, mejor dicho yo, no es seguidor de ningún político; no soy ni uribista –quién tiene muchos pecados- ni petrista, ni mamerto ni esquirol. Sencillamente es – o soy- un colombiano a quién le duele el sacrificio a que están sometiendo a un pueblo indefenso, sin doliente, enfrentado a la ignominia de la desatención médica, la falta de oportunidades, bajos salarios y toda suerte de injusticias.

Un colombiano a quién le duela la muerte de niños por falta de alimentos, de atención médica; por el deceso de seres humanos a la puerta de los hospitales a la espera de un servicio que alargue, un poco, sus vidas. Si los “ilustres” guerrilleros realmente defendieran a los colombianos estarían exigiéndole al presidente Santos soluciones a este problema.

Pero no. Los negociadores de las terroristas Farc, los jefes, en realidad defienden los billones de pesos que mantienen en sus cuentas bancarias; no en vano la inteligencia internacional los considera el tercer grupo terrorista más poderoso económicamente, solo superado por el Estado Islámico y Al Qaeda.

Así se presume que la cúpula de los narcoterroristas colombianos quiere legalizar esa riqueza para gozar de buen retiro en el exterior mientras los colombianos, por acuerdo con el presidente Santos, tendrán – o tendemos-, que pagar la inmovilización o concentración de los guerrilleros en numerosos sitios para que vivan tranquilos sin  cometer ningún delito contra el indefenso pueblo. Qué ilusión.

En otras palabras los colombianos tendrán –o tendremos- que pagar la vacuna de las Farc vía gobierno; vía Ministerio de Hacienda a través de los impuestos. Mejor dicho la vacuna será oficializada. Y todo porque el señor Santos quiere el Nobel de la Paz.

Insistimos; si los “señores Márquez, Timochenko” y sus secuaces realmente defienden al pueblo, ¿por qué no reclaman cumplimiento a los compromisos del presidente con los campesinos, los trabajadores, los usuarios de la salud, los desarraigados y todos los afectados por el conflicto armado?

Hay muchas cosas que aclarar principalmente lo de la corrupción; la corrupción representada en la famosa mermelada incluso, reconocida por el Jefe de Estado.

Para finalizar una mala noticia: regresa el vicepresidente Germán Vargas Lleras.  ¡Dios nos salve!

*Encuentre y reciba más información de Cundinamarca uniéndose al grupo de facebook: https://www.facebook.com/groups/323051767900184/

 

 

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