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Estamos a tiempo de…

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Por: Editor

La crisis es parcial y la solución está a la vista. Todos tememos a una constituyente, según el color del cristal con que se mire. Pero, temor, es lo que causa presentir que estamos llegando al punto de no retorno.

 

Opinión.

Por: Octavio Quintero

Grupo GES

 

Cuando un gobierno tenga que apelar a un pacto nacional para cumplir la Constitución, las instituciones del país donde funja ese gobierno, están en crisis, y lo que sigue es ver si dicha desinstitucionalización es parcial o general. Es así de sencillo.

Colombia está en crisis institucional. Eso no tiene discusión, aunque sea discutible la solución: constituyente, plebiscito, referendo, actos legislativos o consulta popular.

La desinstitucionalización del país es de vieja data: podríamos fecharla, en gracia de discusión, en 1994, cuando se reveló la influencia de los dineros del narcotráfico en la campaña presidencial.

Pero, la historia podría retrotraerla más, por ejemplo, a 1970, cuando el país político acomodó la elección presidencial al régimen imperante; y aún más atrás, al magnicidio de Gaitán, cuando una confabulación política entre la hegemonía liberal-conservadora dominante, cegó la esperanza de millones de colombianos. De ahí en adelante, el “tapen – tapen” viene a ser la ancha y larga cobija que cubre la desinstitucionalización endémica del país.

Pero, como no se trata de emprender una “historia de la desinstitucionalización de Colombia”, tarea portentosa, sino de reconocer su existencia actual, podríamos también anteponer su data –a mi gusto– a la fraudulenta reelección de Uribe (2006) ya que es, este expresidente, estelar en el sinfín del conflicto que nos enreda hoy, y que, el presidente Duque trata de resolver con la propuesta de un pacto nacional entre “los mismos con las mismas”, llamado a prolongar la desinstitucionalización.

Porque, ¿qué es un pacto institucional? Eso está definido en el ‘Contrato Social’ de Rousseau (ed. 1762) y, convencionalmente aceptado: la participación de todos en los destinos comunitarios. En síntesis: si unos cuantos, por importantes que sean, niegan y marginan a la mayoría de sus derechos comunitarios, esa es una desinstitucionalización que no se puede resolver entre los mismos detentadores, sino entre todos.

¿Y qué es lo que representa a todos?: una constituyente, en primer lugar, u otras formas de participación directa de los ciudadanos en los destinos de la comunidad: consulta, plebiscito o referendo…

Ahora, los que antes proponían constituyente para restablecer el ‘Contrato Social’, se oponen hoy, no porque no sea la solución más indicada, sino porque ahora quienes la proponen, son la contraparte ideológica.

Esta es la prueba reina de la polarización política que enerva al país, polarización que viene a ser la última etapa de la desinstitucionalización.

Solución posible

Ahora bien, el término ‘desinstitucionalización’ no necesariamente permea todo el Estado. Puede ser parcial: en la justicia, el legislativo o el ejecutivo. Eso indica que no siempre que se hable de desinstitucionalización podemos hablar de constituyente como solución. Y aquí ya nos estamos acercando a la constituyente como un caso in extremis’: cuando ya no hay nada más qué hacer porque todo lo demás está totalmente corrompido.

Si en alguno de los poderes existe la herramienta para autocorregirse, o inducir a la corrección de sus contrapartes, la constituyente sería imprudente y, quizás, la maquinación de un ‘estado de opinión’ para imponer un régimen dictatorial: abierta la puerta todo puede pasar.

Más, en un país, como Colombia, donde el propio Presidente viola la constitución y aplaude a los violadores (caso, Néstor Humberto Martínez).

Llegamos y, tal vez, comprendemos ahora el temor de unos y otros: cuando la propuesta salía de la izquierda, el temor de la derecha era que se implantara un régimen comunista (como eso ya no existe le decían “castrochavista”); y ahora que sale de la derecha, el temor de la izquierda es que se implemente un régimen dictatorial (que eso sí existe).

Conclusión

La convocatoria de una constituyente, temida de parte y parte, según el color del cristal con que se mire, no sería aconsejable.

¿Qué hacer?

De inmediato, ejercer el voto popular en estas elecciones regionales (gobernadores y alcaldes; asambleas, concejos y juntas locales) en dirección a esa opinión que marcan las firmas encuestadores, no está conforme con el actual régimen.

En el mediano plazo, buscar una propuesta lo más parecida al ‘Contrato Social’, que no es de izquierda, ni de derecha, ni de centro: es de todos. Pero, si las cosas siguen como van, la crisis institucional, que creemos parcial, aunque en los tres poderes, puede pasar el punto de no retorno y, entonces, ¡sálvese quien pueda!

Fuente:

EL SATÉLITE

*Imagen tomada de El Tiempo

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