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Gobierno leguleyo

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Por: Editor

Los recovecos de la polarización política. Este Gobierno, que empezó con el declarado propósito de unir a los colombianos, lo que nos ha soltado con esto de las objeciones a la JEP es una discusión de aquí a Bizancio. La tan cacareada implementación de los Acuerdos de Paz, ya “ni huele ni hiede” como decían los abuelos.

 

Opinión

Por: Octavio Quintero

Lo peor que le puede pasar a un gobierno es que, además de incapaz, se vuelva leguleyo.

Al terminar el largo debate en el Senado este mediodía del jueves 02 de mayo, sobre las objeciones presidenciales al proyecto de ley estatutaria de la JEP, la última palabra la tomó la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez y dijo que el gobierno esperaba que la Corte Constitucional, obrando en derecho, retirara los artículos objetados porque, según ella, quedaron negados.

La posición de la ministra fue de inmediato respalda por el twiter del alto comisionado de Paz, Miguel Ceballos quien dijo que “lo que queda claro es que hay una discrepancia entre las decisiones de la Cámara y el Senado”.

No señor, no puede haber discrepancia entre la Cámara que negó las objeciones y el Senado que no pudo tomar decisión al respecto, pues, según también puesto en discusión, no logró las mayorías requeridas.

Es decir, el Senado ni las negó ni las aprobó y, al decir de algunos parlamentólogos, en estos casos, la indefinición la debe resolver la Corte Constitucional, que fue lo que hizo el presidente del Senado al concluir la votación.

Se entiende el afán del gobierno de calificar como discrepancia la posición asumida por la Cámara y la no-posición registrada en el Senado, pues, si ello hiciera carrera, entonces podría aplicarse el artículo 200 de la ley 5ª de 1992, o reglamento del Congreso, en la que se dice…

“Cuando una Cámara hubiere declarado infundadas las objeciones presentadas por el Gobierno a un proyecto de ley, y la otra las encontrare fundadas, se archivará el proyecto”.

Este texto que pareciera resultar palmario fue, sin embargo, interpretado por la Constitucional en el sentido de que lo que se debe archivar son las objeciones presidenciales, es decir, retirarlas del proyecto de ley objetado.

Y pareciera que a eso le jugó el Gobierno Duque, aconsejado por sus asesores jurídicos, pues, como se dice popularmente, con cara ganaba y con sello perdían los defensores del Acuerdo de Paz con las Farc-Ep ya que, si había discrepancia entre la Cámara y el Senado, la norma obligaba al archivo de los seis artículos objetados.

La leguleyada que se juega ahora el Gobierno, ojalá fuera la última, es, en cierta forma presionar a los magistrados de la Constitucional, ya de por si con “los pelos de punta” ante el espionaje de que están siendo objeto, a considerar que una no definición es la definición contraria de su contraparte. O sea, a ver si nos entendemos: El NO de la Cámara, viene a ser un SÍ del Senado porque no dijo ni SÍ ni NO.

No se puede dejar por fuera este otro argumento de la oposición a las objeciones cuando se considera que la mayoría absoluta del 94 es 47. No, eso tampoco. Por mayoría absoluta se entiende la mitad + 1 de los integrantes de una corporación.

Si el Senado se compone de 108 miembros, 14 de los cuales se declararon impedidos, quedaron 94 hábiles para votar. La mitad de 94 es 47, más 1, da 48. No se sabe qué otras cuentas puedan hacer los magistrados para respaldar la posición de la oposición, si es que hacia allá dirigen la sentencia respectiva.

Para más confundirse uno, se oyeron otras reflexiones dignas de tomarse en cuenta. Por ejemplo, la senadora Paloma Valencia sostiene que lo único que reduce el número de los miembros del Congreso es la “silla vacía”. Un impedimento no declara la silla vacía luego, ese impedido sigue siendo miembro de la corporación, en este caso del Senado, y por tanto, sigue sumando al número de integrantes. Si fuere así, en tal caso, la mayoría absoluta vendría a ser, hechas las cuentas, 55 senadores

“Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que sabrán responder”: traducido al chibcha, “la papa está bien caliente”.

Y, como colofón, este Gobierno Duque, que empezó con el declarado propósito de unir a los colombianos, lo que nos ha soltado, con esto de las objeciones a la JEP, es una discusión de aquí a Bizancio. Hacer trizas algo, no necesariamente significa destruirlo. También puede ser, no construirlo adecuadamente.

Eso está haciendo el Gobierno Duque, y va ganando, porque la tan cacareada implementación de los Acuerdos de Paz, ya “ni huele ni hiede”, como decían los abuelos. Y esa es la historia.

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