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La libertad religiosa, puntal indispensable para afianzar la paz.

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Por: Alejandro

En estos precisos momentos en que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, adelanta acercamientos o conversaciones con grupos alzados en armas, tendentes a lograr una convivencia pacífica para los colombianos, es de la mayor importancia que se tenga en cuenta la trascendencia para llegar a feliz término; en el respeto y promoción que debe existir por las libertades de culto y de religiosidad en el país.

 

Opinión.

Por: Armando Ramírez Olarte

No es el momento de hacer discriminaciones que a lo mejor resultan molestas y con las cuales se puede lesionar a un grueso número de colombianos, pues menester es traer a colación, que los pilares del mandato presidencial actual son de equidad, educación y paz, por lo tanto, la inclusión como factor de participación y discusión, debe ser la constante en el proceso para que pueda hablarse de una paz duradera.

El mismo Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 lo establece, cuando estatuye que su objetivo es construir una Colombia en paz y con equidad, además de que, a manera de obligación del alto gobierno, este emprenderá las acciones que promuevan el reconocimiento de las formas asociativas de la sociedad civil basadas en los principios de libertad religiosa, de culto y de conciencia, a través de las entidades competentes, en las que, desde luego, están las territoriales a través de sus mandatarios.

Desde esta óptica, les compete, les corresponde a la nación, departamentos y municipios, emprender una tarea básica que consiste en realizar acciones que conlleven a la internalización de los demás asociados al Estado colombiano, de que la libertad de conciencia y de culto no son tan solo Derechos Humanos, o Fundamentales escritos en la Carta de 1991 que merecen el mayor respeto y protección constitucional, sino que ellos hacen parte del acervo cultural que pide participación en cualquier manifestación social, política y económica del país.

No pueden los sectores minoritarios colombianos, sobre todo los políticos o religiosos, seguir siendo más discriminados de lo que son hasta ahora, por unas mayorías en ocasiones desconsideradas y, en otras, aplastantes, que impiden una adecuada armonía de los intereses de la colectividad, que en todo caso es plural, como variadas las manifestaciones, en cuanto a derechos dentro del marco de la Carta de 1991. 

La libertad religiosa, ligada íntimamente a las libertades de conciencia y de culto, abre espacios que dignifican al ser humano, sobre todo, cuando de aquella se extrae valores para aplicarlos a la cotidianidad, razón de orden trascendental que invita a que en la paz haya convergencia de las creencias en este nivel. Por tanto, si el Estatuto Superior colombiano establece el pluralismo como valor, sería negar en el Estado Social de derecho, el hecho de que respecto a la participación que concita la pacificación del país, haya discriminación, exclusión y sectarismos.

Los Planes de Desarrollo locales y regionales, ahora sujetos al análisis de los ciudadanos, son el punto de partida en la construcción de la paz duradera que vincule la libertad religiosa; ¿lo entenderán así los burgomaestres, diputados y concejales del país?; de ser ello así, ¿qué harán cada uno desde su dignidad política, para posibilitar en los Planes de Desarrollo la inclusión de comités que promuevan la libertad de culto y participen activa y proactivamente en la apuesta por la paz?.   

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