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Las FARC no merecen más concesiones sino exigirles condiciones.

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Por: Alejandro

Proponer 40 curules para las FARC y ELN en el congreso, es una propuesta desfasada e irresponsable que en nada aporta a la negociación. Por el contrario, muestra debilidad y reitera el afán gubernamental de firmar a cualquier costo, genera controversia y dilata la concreción de los acuerdos alcanzados para pasar a un estadio de mayor claridad para el país sobre la relación costo – beneficio de la negociación Santos – FARC.

 

Opinión:

Por Martha Lucía Ramírez.

Es inaceptable que por decreto, las FARC (que aún hoy es considerado internacionalmente como un grupo terrorista), pase a triplicar en curules a la izquierda democrática que ha querido de forma transparente y acatando la institucionalidad participar en igualdad de condiciones con todos los ciudadanos colombianos en las urnas, sometiéndose a unas reglas de juego claras y equitativas.

Nuestra invitación es como siempre, al debate sobre lo fundamental: primero, debemos concluir una negociación que respete el estado de Derecho nacional y los tratados internacionales de los cuales Colombia es signatario.

En segundo lugar, para que la negociación tenga efectos positivos que perduren en el tiempo y nos encaminen a una paz sostenible, es necesario que satisfaga los requisitos mínimos de verdad, justicia, reparación y no repetición que anhela el pueblo colombiano y que reiteradamente ha expresado que no quiere una paz con impunidad. En tercer lugar, la participación en política de las FARC puede tener 2 etapas: una por un período para que participen en el congreso los miembros de esa organización que no tengan acusaciones por crímenes atroces de guerra ni de lesa humanidad  y en una segunda etapa se someterán al veredicto de las urnas como cualquier otro ciudadano.

El número de curules debería ser proporcional a los miembros activos armados y de milicias urbanas que registre esa organización en un padrón que deberá servir para el seguimiento y verificación sobre el cumplimiento de los acuerdos.

Valoro la invitación hecha por Pepe Mujica en el marco de la conferencia de intelectuales -Clacso- realizada en Medellín, quien expresó refiriéndose a las FARC, “Ellos tendrán que vivir una adaptación y la propia sociedad también.  Yo estuve un montón de años en la ‘cana’ con un montón de compañeros, bueno, y llegué a presidente, no porque me lo regalaran, sino por el voto de la gente”.

De esta manera, el expresidente uruguayo, un fiel defensor de los diálogos de paz en Colombia y a quien muchos aduladores del Gobierno recurren para justificar las negociaciones a cualquier costa, manifestó expresamente que no es sana la gabela política para dicho grupo al margen de la Ley, sino que por el contrario, debe ser el pueblo quien le otorgue el espacio político a las FARC, a través de los mecanismos democráticos tal como él lo consiguió en su país. 

Resulta preocupante que el pasado viernes 13 de noviembre se haya cerrado otro ciclo de negociaciones y aún los colombianos no tengamos certeza acerca del publicitado acuerdo de justicia anunciado internacionalmente con el encuentro Presidente Santos- Timochenko el pasado 23 de septiembre en La Habana.

El Gobierno Nacional ha sido desmentido y desvirtuado públicamente por el secretariado de las FARC tras dicho anuncio, pues para las FARC este acuerdo está cerrado y sin lugar a discusión, mientras que para el equipo negociador en cabeza de Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo, aún se encuentra en construcción.

Tras el inicio del nuevo ciclo de negociaciones el miércoles 18 de noviembre, debe darse a conocer al país el acuerdo de justicia y socializarlo con el pueblo colombiano, lo más pronto posible, para continuar con el punto de víctimas en la agenda de negociación.

No nos conformamos con el espectáculo de las víctimas de los paras compartiendo su dolor con las FARC, cuando en esa mesa han debido estar solo víctimas de las FARC frente a sus victimarios pidiendo explicaciones y verdad y las FARC pidiéndoles perdón.  El encuentro entre victimas de paras y sus victimarios también debe hacerse en un escenario distinto, al menos para ayudar a cerrar heridas, pero todos quedamos con la sensación que los viajes de victimas a Cuba hasta ahora sólo han sido otro acto del manejo mediático de La Habana con todo lo que ello significa.

El país debe velar por que haya mayor discernimiento y sinceridad en el punto de víctimas para que la sociedad tenga certeza sobre la verdad y sobre la voluntad de paz de las FARC que sin duda tendrán  una prueba de fuego en la disposición que demuestren de aportar a la reparación con cargo a los millonarios recursos que poseen provenientes del narcotráfico, el secuestro, las extorsiones y la minería ilegal.

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