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Lo impublicable de la masacre de soldados en Buenos Aires, Cauca.

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Por: Alejandro

¡Aterrador! Sencillamente aterrador; no hay otra forma de calificar las escenas realmente dantescas que se observaron en el escenario en donde, cobardemente, los terroristas de las Farc, acribillaron traicioneramente a los soldados que se encontraban   durmiendo en la madrugada de este miércoles en esa montañosa zona en  límites con el Valle. Las anteriores apreciaciones con fundamento en unos videos que mantienen las autoridades recogidas con el propósito de documentar lo ocurrido, pero que están circulando a raudo en las redes sociales del país.

 

Apuntes del editor:

Las imágenes son impublicables; son impublicables a través de medios de comunicación serios, pero que los usuarios de Fecbook vienen compartiendo, «rabiosos», en una reacción airada frente a lo protagonizado por unos terroristas que hoy,  en la Habana, pretenden convencer a los colombianos y la comunidad internacional, de que son un grupo con ideología y propósitos altruistas supuestamente respaldados por un pueblo que solo existe en la  irreal  y distorsionada mente  de unos hombres acostumbrados a la traición, la mentira y el engaño apoyados en el interés del presidente Santos de conquistar el Nobel de la Paz, su obsesión y vanidad.

Es muy pero muy probable que si hoy  le preguntan a los colombianos que si quieren la paz en los términos como están previstos, lo más probable es que la rechacen.

También es seguro que si se le pregunta a los colombianos, incluso a la comunidad internacional, que si creen en las promesas y compromisos de las Farc, los más probable es que digan que no.

Lo sucedido en la vereda La  Esperanza del municipio Buenos Aires, Cauca, demuestran que los terroristas de las Farc solo son valientes cuando atacan a traición, a mansalva, sin darle oportunidad de defensa a quién para ellos son sus enemigos, los soldados y policía colombianos.

Su cobardía es tal que difícilmente atienden una confrontación de frente, en combate como debe ser; aprovechan circunstancias como las provocadas por su “prometida” tregua unilateral, una tregua que solo creyó el presidente Santos.

Es desconsolador y desgarrador ver cómo unos soldados, que pueden ser y son los hijos de los colombianos de a pie, quedaron destrozados dentro de sus camisas de dormir; su pecado fue confiar en la palabra de unos terroristas, y el presidente, que prometieron suspender unilateralmente la confrontación armada.

Las imágenes son irrefutables. Esos mal llamados guerrilleros, porque para ello no existe un mínimo código de honor, solo actuaron conforme a su naturaleza, a su naturaleza traicionera, cobarde y sin hormonas. Solo atacan cuando el enemigo, en este caso los militares confiados,  se encontraban con la guardia abajo confiados en la palabra del presidente Santos, quién suspendió el bombardeo a los subversivos.

Al margen de los tejemanejes en las altas esferas del Estado y por fuera del debate académico, lo cierto es que hoy, con lo sucedido, los colombianos quieren la paz, pero no la paz propuesta por Santos. Manipulada por las Farc.

Y debe ser así porque la paz propuesta por Santos no fue producto de una pretensión sincera sino de vanidosos orígenes; pasar a la historia como el presidente que alcanzó la paz. No fundamentó su propósito pensando en los sacrificados colombianos sino en su interés por ser premio nobel de paz.

En este punto tenía y tiene razón el expresidente Uribe; a las terroristas Farc debía someterlas, derrotarlas por la vía militar antes de entrar a negociar. Hoy están a punto de alcanzar inmunidad y franquicia para legalizar sus billonarios capitales, capitales que solo disfrutarán los pocos jefes, entre ellos quienes se  encuentran el la Habana, Cuba, negociando. Nada que ver con los guerrilleros amenazados que ponen el pecho.

Terrible lo sucedido en La Esperanza, Buenos Aires. Es tan grave que en algunos círculos se habló de una nueva versión del  publicitado “Ruido de sables” de hace algunos años.

Estamos seguros que en pocos días llamarán a calificar servicios a algunos coroneles quienes, con toda razón, reaccionaron en contra de una actitud que para muchos es “cobarde y entreguista” por parte del presidente Santos.

No tuvo suerte la protesta porque algunos generales se opusieron a que el movimiento hubiese podido tener  mejor desenlace y, posiblemente, cambiar la historia del país.

Así los colombianos tendrán que seguir alimentando la vanidad del presidente Santos y su propósito de ingresar a la historia como el mandatario que alcanzó la paz. ¡Pobre Colombia!.

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