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Mejor ni hablemos…

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Por: Editor

Mal está el enfermo: ni come ni hay que darle. “Hay que apoyar a los trabajadores porque estamos en un momento en que el país nos exige un poco más de responsabilidad social”: Alicia Arango, Mintrabajo

 

Opinión laboral REDGES

En el programa, “Mejor hablemos”, con Claudia Palacio en el canal de El Tiempo, jueves, 10 de la noche, la ministra Arango, soltó la frase entrecomillada arriba, pero, a renglón seguido, ella misma se encargó de quitarle el encanto a su ternura social al agregar que “la productividad no alcanza para dar un salto importante en el tema de los salarios”.

¿Qué es la productividad?

Esa es la cuestión que siempre ha enredado a los trabajadores a la hora de negociar con los empresarios y el Gobierno el incremento anual del salario mínimo, porque la estadística de productividad la convirtieron los pontífices neoliberales en un galimatías que ni ellos mismos entienden.

El incremento de la productividad podría medirse de un año a otro, sencillamente, tomando el valor del PIB del año presente, restarle el del año anterior, y listo; y como el salario es una cuestión per cápita, entonces, dividir el total de la productividad por el total de trabajadores, y punto.

Pues no, en este caso, los detalles sí cuentan. Para bien de los empresarios y desgracia de los trabajadores, los actuarios neoliberales (genios que combinan las matemáticas y las estadísticas en busca de hipótesis sustentables), pusieron a depender la productividad de muchos factores entrecruzados como el nivel educativo, capacitación laboral y el esfuerzo del trabajador; de la inversión del empresario en desarrollos técnicos y tecnológicos; de los inventarios de que se dispongan, del crecimiento laboral, del desempeño y de la eficiencia, y de otras yerbas…

Todo este menú estadístico lo somete la junta directiva del Banco de la República al análisis de la ‘Inteligencia Artificial’ y ¡ZAS!, brota la cifra mágica del incremento de la productividad: este año de gracia es del 0,42%. Vaya alguien a discutirles…

Según lo dispuesto por la ley 278/96 que creo la inocua Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, la evolución del SM debe establecerse con base en cinco factores: 1. Inflación certificada por el DANE; 2. Meta de inflación trazada por el BR para el año siguiente; 3. El incremento del PIB; 4. La participación de los salarios en el ingreso nacional y, 5. La productividad.

En la práctica, las dos cifras mágicas de donde sale el incremento del SM son, inflación y productividad. Ambas son asumidas, porque al momento de negociar, no se conocen los resultados finales del año.

Para este año, p.ej., se asume que la inflación cerrará ± en 3,2% y la productividad ± en 0,42%. La suma de los dos porcentajes es, 3,62%. Sobre este porcentaje, usualmente se agrega un punto ± y, nuevamente, ¡ZAS!, sale el decreto que pone fin a la pantomima anual de la concertación de la que siempre salen “culpables” los trabajadores del fracaso.

Pero, ¿por qué la decisión del Gobierno nunca la discuten los empresarios? Elemental: la junta directiva del Banco de la República está compuesta por tecnócratas de la plutocracia que impera en Colombia.

La actual reforma tributaria o, ley de financiamiento, como la disimulan ahora, es una prueba al canto de la prelación de que goza la clase empresarial del país en contraste con los intereses generales de la clase trabajadora.

Un robo continuado

Vaya alguien a discutir la cifra de productividad que avala el BR, repetimos: ni bolas le paran, en otros términos, se le ignora olímpicamente.

La más reciente pataleta la metió el Centro de Estudios del Trabajo (Cedetrabajo) al denunciar que el Banco de la República ha venido suministrando una tasa subvalorada sobre productividad, y afirma la organización social que “en los últimos 12 años (2006 en adelante) la manipulación ha costado a los trabajadores al menos 17 puntos porcentuales”.

Es decir, el SM actual de $781.242, debiera ser un 17% más, lo que daría $914.053. Cedetrabajo afirma, según su cálculo, que, en este lapso, el Gobierno y los empresarios le han sonsacado al ingreso de los trabajadores $1’202.616 per cápita, lo que podría representar en promedio, 20 billones de pesos.

¿Dónde han ido esos 20 billones? A ampliar la brecha entre ricos y pobres en Colombia y, en buena parte, a los países de origen de las multinacionales que pueden girar al exterior sus dividendos sin impuestos, otra gracia de la “confianza inversionista” de Uribe, concedida en el 2005, siendo ministro de Hacienda el hoy cuestionado Alberto Carrasquilla.

Así que este año también será mucho el 10 o 12% que piden los trabajadores. Apuéstele a un 4,5% o 5,5% y, eso, si pasa la ley de financiamiento. Pero les quedará la buena intención de la ministra Arango de que, si hubiera huevos les fritaría uno, pero como no hay manteca…

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Falacias laborales

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