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Mi primera vez en Internet.

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Por: Alejandro

Esta semana fue el Día Internacional de Internet. Bueno, la verdad es que todos los días es el día internacional de alguna joda y a veces creo que se raya en lo ridículo. Pero cuando hablamos de Internet ya es otra cosa. Los de mi generación nacimos sin eso, sabemos cómo era el mundo sin Internet (al menos no tan masivo), y sabemos que sin esta red de información el mundo sería otra cosa. No habría Facebook, no habría Social Media, no habría Marketing Digital (que es a lo que yo me dedico)… y sin ir más lejos, los únicos que leerían mis marmotazos serían mi mamá, alguna prima desocupada y los hijos que todavía no tengo.

 

Opinión.

Por: Omar Darío Gamboa González

Obviamente estoy muy agradecido con Internet, casi se podría decir que lo amo. Es más, eso fue como amor a primera vista. Y no soy el único: MinTIC estuvo promoviendo el hashtag #AmoInternet y todo. Gracias a Internet tengo trabajo, gracias a Internet aprendí un montón de cosas (y me falta por aprender muchas más). Mejor aún: gracias a Internet he conocido a varias de las personas más maravillosas de la vida, como a mi amigo Juan (el que inspiró la palabra «Marmotazos» y el que inspiró las historias de Andrés en «Le pasó a un amigo») que lo conocí en un juego de Fórmula 1 Online. O a los amigos con los que he hecho radio tanto tiempo; a mis mejores amigos de hoy en día los conocí en Twitter (Sandrita, Cata, Dianita), Internet me permitió conocer gente que admiro (Edu Gómez, Félix Riaño, Luis Betancourt, Alex Pinilla), en fin, tanta gente que no cabe en un Marmotazo. Es más, gracias a este blog conocí a uno de ustedes, mis lectores, que estaba en la charla que di en Tunja (perdona, Lore, te quedo debiendo el pastel de pollo) y espero conocer a muchos más de ustedes porque me caen bien. Bueno, la mayoría, jajajaja.

Ya llevo más de 20 años (21 y contando) trabajando en digital, y creo que tengo la fortuna de ser uno de esos primeros colombianos que pudo hablar con otra persona a través de un teclado y una pantalla. En fin, recordar la primera vez que utilicé internet me da la suficiente autoridad para hablar como viejito.

Corría el año de 1995, yo era un joven impetuoso (lo de impetuoso todavía lo tengo, valga la aclaración), estaba en segundo semestre de Ingeniería de Sistemas, Universidad Nacional. Por esa época ya se hablaba mucho de Internet en mi universidad, pero el mito es que sólo se daba una cuenta para usar internet a los estudiantes de últimos semestres que necesitaban hacer investigaciones. No a pendejitos de segundo. Era un recurso escasísimo, y pedir tiempo en la sala de computadores ya era toda una odisea, ahora calcule tener una cuenta de internet.

El proceso para obtener esa cuenta era complicadísimo, tenía que hablar más o menos con la mitad del personal administrativo de la Facultad para poder obtenerla. Ahora que lo pienso, nunca me gustó rogar, prefiero obtener las cosas con trabajo. Y como no quería rogar, pues me busqué la manera de obtener una cuenta. Me volví monitor de la facultad. Creo que fui de los primeros estudiantes de ‘ligas menores’ que obtuvo el permiso para conectarse a la red, si no el primero. Cada cierto tiempo iba y me conectaba a ver qué encontraba de nuevo. Cada cierto tiempo, es decir, cada dos o tres horas.

Como era lógico, todo en esa época era a blanco y negro. O a verde y negro, mejor dicho, porque los caracteres eran verdes. Yo no sé si alguno de ustedes tuvo que usar estos computadores con monitores monocromáticos, que podían venir en verde, un amarillo tostado o gris. No existía la WWW. Hubo una época en que se pensaba que WWW era internet, y eso era apenas un pedacito. Por eso es que antes las direcciones de internet empezaban con www. Bueno, todavía hay muchas.

Yo era de esos peladitos que cogía el periódico para leer los cómics. Supondrán cómo fue con Internet. Me engomé con la red cuando descubrí que la opción ‘9’ me llevaba a IRC: El chat. Entré ahí, y por ensayar y saludé. Seguramente dije algo tan original como «Buenas tardes», «Hola mundo» o «¿Esto para qué sirve?». Se imaginarán mi susto, la acelerada de pulso, mi cara de pendejo cuando vi en la pantalla un «Hola» que no escribí yo. Sí señores: que-no-es-cri-bí-yo. Carajo, eso era otro nivel. ¡Alguien me respondía! Más importante aún: ¡Alguien me leía! Ustedes saben, ante todo el ego. Cuál búsqueda de inteligencia extraterreste, yo acababa de confirmar la existencia de alguien tan gomoso como yo de los chats antes de que se le conocieran como chats.

No nos volvimos amigos, no sé quién era, no sé si también era su primera vez -ay, tan romántico- o qué carajos. Sé que era un estudiante de sistemas de Los Andes. Obvio casi lloro de la emoción. Con el ojo aún aguado levanté la mirada para contarle a alguien… pero no había nadie que entendiera la emoción. Es la escena típica de película en que alguien grita emocionado frente al computador, levanta los brazos, pero cuando se da cuenta y mira alrededor, todos lo están viendo con cara de «imbécil, deje trabajar». Seguramente habría más de uno intentando desarrollando algo en Pascal o en C++. Ellos desarrollando y yo chateando. ¿Sí ven? Desde chiquito ya se sabía que yo iba a terminar en estas.

Ya luego vinieron los colores policromáticos, ya se podía jugar OutRun o Test Drive a colores. Ya se podía ver qué era lo que levantaba Larry a todo color. ¿Alguien jugó Larry? También empecé a jugar simuladores de vuelo con F15 y del F19. Prince of Persia ya no era a punta de grises. Con el color se disfrutó mucho más la WWW, que echó mano de la tecnología de los hipervínculos, que en ese entonces era toda una novedad. O sea, ¿que yo estuviera leyendo algo y haciendo clic en una frase me llevara A OTRA PÁGINA? No seamos tan pendejos, eso es pura ciencia ficción. ¡Hollywood en mi pantalla! Por esa misma época escribí mi primer emoticón a punta de caracteres, a la antigua, a pelo, como todo un varón. Entonces aprendí que si uno pone dos puntos y paréntesis y uno inclina la cabeza, ve una carita sonriendo, o triste, según. Aprendí a ¡¡HACER ROSAS!! @>-‘—

Eso habría un montón de posibilidades. Yo que era bien tímido y no podía hablarle a los ojos a Nataly sin ponerme rojo, ¡ahora podía coquetearle por chat! Nooooo, ¡la locura! Bueno, cuando Nataly tuviera chat.

Luego empezaron a ofrecer los servicios gratis de correo electrónico. Eso sí, nunca caí en las pendejadas esas de «soyelcampeon@mail.com» o las niñas con «princesitarosada@micorreo.com«. Ante todo la seriedad (y la falta de originalidad) y por eso siempre tuve mi nombre en los correos, igual que en Twitter (por ahí debe haber más de un Omar Gamboa que me odia porque les quité los usuarios).

En esa época Hotmail no era de Microsoft. Aparte a mí me sonaba a ‘hotline’ y como yo era medio tarado y santurrón, al principio no quise abrir cuenta ahí. El porno no es de mis fuertes. Pero sí abrí cuenta en Latinmail y usaba Latinchat: «Hola, alguna niña linda de Bogotá que quiera hablar?». También tuve cuenta en Starmedia y en Terra, aunque nunca las usé. Era cuando las cuentas de correo tenían un mega de capacidad. Creo que hotmail tenía 1,2 megas. ¡¡¡Y CON ESO BASTABA!!! Obvio, tocaba borrar correos todos los días para que no se llenara, y más con el bendito SPAM que siempre ha estado presente. Google no existía, mucho menos Gmail. La batalla era entre Hotmail y Yahoo. A mí me gustó siempre más ese que el de MSN que nunca me ha parecido bueno. Para buscar algo era con Yahoo, o Altavista.

Hace poco hablando con Diana (@libeluladigital) recordamos que para tener cuenta en Gmail tocaba con invitación. Decir «Tengo 10 invitaciones a Gmail» era mejor que decir hoy en día «soy youtuber». Yo habría llenado medio Corferias si en esa época los noticieros hablaran de los yimeileros. Bueno, si alguien hubiera hablado de los yimeileros. Cuenta la leyenda que la invitación individual a Gmail al principio se cotizaba en 2 pizzas extra grandes de Pizza Domo de Unicentro. Ya luego se perrateó eso y cualquiera tenía cuenta. Como todo en la vida: ya hasta Daniel Samper Ospina es «youtuber», sin ir más lejos.

Luego ya uno se podía conectar a Internet desde la casa. Sí, desde la casa. No ¿pero qué es esta maravilla? Uno se conectaba por la línea telefónica (¿ya le pusieron play al audio que les compartí arriba?). Tocaba tener módem y rogar que nadie estuviera levantara el auricular del teléfono porque se tiraba la conexión. Aparte todo era leeeeeeento, lento. Yo me dedicaba a bajar música y creo que me demoraba como dos horas bajando una sola canción en mp3. Era la época de Ares, Kazaa y luego Napster. Y uno rogaba que nadie llamara tampoco. ¡VIDA TRIPLE CATRE!! ¿¿A QUIÉN LE DA POR LLAMAR JUSTO AHORA?? Y usualmente las llamadas eran para mi hermano. Bendito ese como era de popular. Entonces había dos opciones: conectarse a las 2 am, o antes de encender el computador gritar «ME VOY A CONECTAAAARRRR. ¿¿¿ALGUIEN NECESITA EL TELEFONOOOO???». Por eso tener una colección musical era todo un logro. Yo todavía tengo y escucho orgullosamente mis primeros dos cds con mp3. Uno era su propio Spotify. A veces descargaba la música desde la U y me llevaba los archivos en disquetes, pero como no cabían en uno sólo, pues los pasaba a .zip para poderlos particionar. No había CDs ni USB.

Ahora es muy diferente. Tenemos internet hasta en los teléfonos celulares. ¡Tenemos hasta teléfonos celulares! Vemos televisión online. La música que nos gusta la podemos poner en una página y hasta en video. Antes había un sólo computador por casa (si lo había), se imaginarán la peleadera con los hermanos para ver cuál tenía el turno primero. Antes comunicarse era un complique… hacía uno fila en los teléfonos públicos pagando con moneditas de 1 peso. O estabas en CAFAM haciendo fila y de repente te llega un mensaje al beeper, pidiendo que llames urgente a la casa. Te sales de la fila y llamas: «No se le olvide comprar los chicles que le encargué». ¡¡CARAJO!! Otra vez a hacer la fila. Ahora basta con sacar el celular y, si no tienes el número de alguien o no te interesa llamar, mandas un tweet.

Internet nos ha cambiado la vida a todos. Todo es muy diferente y creo que los viejitos que vivimos su ausencia disfrutamos más su presencia, porque sabemos cómo era antes. Cuando casi que tocaba echarle carbón a los computadores. A mí me sigue sorprendiendo el hecho de tener redes inalámbricas, el wifi, los manos libres bluetooth. ¡¡Los celulares!! Pero hablando de Internet… hace mucho no veo televisión propiamente dicha. Veo las series online, cuando quiero y sin comerciales. Fui feliz con Twitter y con el montón de gente interesante que conocí por ahí, además de que me entero de las noticias porque alguien la trinó.

Internet nos cambió la vida a todos y agradezco el pertenecer a ese afortunado grupo de la población mundial que le puede sacar provecho a esta tecnología. Así sea para escribir pendejadas.

@OmarGamboa

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Omar Darío Gamboa González

Social Media Consultant

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