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No entiendo de qué se ríe el presidente Santos.

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Por: Alejandro

Y no lo comprendo teniendo en cuenta que la cara del país hoy es muy fea, sucia y maloliente  por la corrupción, las mentiras y componendas desde el gobierno; por el desempleo, la creciente delincuencia, la injusticia social, las muertes de niños desnutridos por el robo de los dineros para programas alimentarios, por desatención en clínicas y hospitales, por provocar los paros de los campesinos y transportadores y por muchas cosas más. También porque los colombianos nos estamos comiendo muchos sapos  como los advertidos  por el propio mandatario en relación con los acuerdos, o mejor, imposiciones de las Farc.

 

Opinión.

Por: Valentina Rubiano.

Es que hoy la situación del país como nunca antes, ni siquiera en el negro tránsito de Samper, se había visto un panorama tan oscuro y fétido como el actual; no soy afín ideológicamente hablando, ni siquiera de cerca, con personajes como los senadores, Jorge Robledo o Claudia López pero estoy de acuerdo con ellos en algunos aspectos.

Pero debo reconocer, sin ruborizarme, que coincido con ellos en cuanto a que en la historia del país no se había visto un gobierno más corrupto, perverso, nefasto y traicionero como el actual.

Aclaro, eso sí, que no soy seguidora o simpatizante con movimientos políticos actuales por cuanto, estoy segura, son lo dicho: corrupto, perverso, nefasto y traicionero.

Insisto: no soy ni santista, uribista, petrista o cualquier vaina de cuantas hoy florecen o tratan de florecer  aprovechándose de la necesidad o ingenuidad de los colombianos. En muchos casos complicidad.

Es que no se entiende de qué se siente satisfecho el mandatario nacional cuando en el país se mueren a diario, a cada minuto, niños, ancianos  y pacientes de toda condición esperando atención médica.

Y menos se comprende cuando, hace algunos meses, anunció cambios radicales y contundentes en el sistema de salud, promesas que, evidente, no se han cumplido. Señor Santos: el colombiano de menos credibilidad es Usted.

Ningún ser humano, por insensible, puede aceptar que en las puertas de los hospitales mueran niñitos a la espera de que el sistema de salud les preste la atención por la cual sus padres han pagado y, más que eso, por constitución, el Estado debe atender.

Usted, señor Santos, por no alargar el tema, es el promotor y, más que ello, el patrocinador de la rampante corrupción que hoy, tristemente, tiene vigencia en el país.

Maneja a sus anchas todas las ramas del poder público; el Congreso hace lo que usted ordene; la rama judicial sigue lealmente sus conveniencias. ¿O es que no tomó decisiones a su favor en el caso Petro? Es claro que el Tribunal Administrativo de Bogotá  detuvo, o cambio, el fallo en contra del entonces alcalde bogotano –Petro- a cambio de los votos que lo sostuvieran en la Casa de Nariño?

Esa influencia debería ser aprovechada para atender las más caras y urgentes necesidades de los nacionales particularmente los indefensos. Desde luego que igual o parecido han actuado mandatarios anteriores incluyendo al señor Uribe y que decir de Samper.

La tensa situación que hoy vive el país en cuanto a las movilizaciones indígenas y campesinas al igual que el paro  de los empresarios del transporte de carga es responsabilidad absolutamente suya; ¿Por qué no les cumple? ¿Por qué no hace efectivos los acuerdos de los años anteriores?

Igual sucede con el magisterio, con los trabajadores y usuarios de la salud con absolutamente todos los colombianos. Bien cierto es que los campesinos y los transportadores necesitan garantías para poder trabajar en ambientes de equidad, que alcancen utilidades y sueldos o ingresos dignos con los cuales atiendan las necesidades básicas de sus familias. Eso es lo que reclaman.

¿Por qué no les da el mismo tratamiento que le otorga a los dueños de la banca nacional quienes llenas sus arcas a manotadas? Ahora Usted sale a los medios aparentando  defensa de las mayorías nacionales diciendo que no permitirá bloqueos de vías a que éstos tienen derecho.

Lo que pretende es enfrentar a los colombianos, ponerlos en contra de los campesinos y transportadores quienes se encuentran adelantando justos reclamos. No se puede caer en esa patraña.

Más bien lo que deben hacer –o debemos hacer los colombianos- es respaldar esos movimientos de protesta y demandar, ni siquiera solicitar, que les cumpla para que todos trabajemos en paz, con justicia, con equidad.

Debería más bien el presidente colocarse al lado de las mayorías, ganarse su credibilidad; debería atacar la corrupción, utilizar su poder e influencia para crear condiciones que beneficie a todos los nacionales, que los corruptos no se queden con el dinero de la salud, de la alimentación escolar, de las vías, de la infraestructura nacional.

Por lo visto a la fecha el señor Santos terminó  haciendo trizas la dignidad de la Presidencia de la República ya de por si maltrecha por los anteriores mandatarios; hoy, para muy buena parte de los colombianos, la figura del jefe de Estado es sinónimo de engaño, mentira, componendas, corrupción, manipulación. Mejor dicho es todo lo contrario a lo esperado de un líder que oriente un país que de ejemplo, que inspire confianza.

Debería darse cuenta de que por esa forma de actuar, de mentir, de engañar el mandatario se ha convertido en el más grande enemigo de la paz; porque no se ganó la credibilidad de sus compatriotas, porque ya nadie le cree.

¡He dicho!

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