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Policía: ¿Única responsable de inseguridad en Fusagasugá, Chía, Girardot . . . . y el país?

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Por: Alejandro

¡Categóricamente no! Desde luego que la pregunta desata toda clase de reacciones y motiva muchos puntos de vista, los cuales deben ser tenidos en cuenta y evaluados en el propósito de  buscarle una salida al complejo problema que está consumiendo a un país desesperado.  No se trata de defender ni de atacar a nadie o institución en particular sino, insistimos,  de asumir una posición responsable y seria frente a un trauma que le quedó grande a los manejadores del país. 

 

Opinión.

Por: José María Buitrago.

Muy cierto es que dentro de la institución uniformada existen personas contaminadas como se encuentran dentro del gremio periodístico, los médicos, abogados y todos los sectores de la actividad social y productiva colombiana. Claro está que  ello no los exime de responsabilidad.

En opinión del autor de estas líneas, con el ánimo de proponer debate, la Policía está asumiendo el papel de bombero apagando incendios cuyas causas tienen fondo  y sobre las cuales, de momento, nadie ha reparado.

Absolutamente necesario es preguntarse en donde está o puede estar el origen del problema. Muestran las estadísticas, no muy fiables, que buena parte de los delitos hoy son cometidos por menores de edad o en adolescencia.

¿Y por qué? Algo está fallando y necesariamente debe revisarse del escenario en el cual las nuevas generaciones se están moviendo. Hasta hace muy poco, un par de décadas, los jóvenes no inspiraban desconfianza. Cuando se les cruzaba, por lo menos yo, entraba en tranquilidad.

En ese entonces los adolescentes eran  respetuosos de la moral, de las buenas costumbres, de las normas. Solo se desviaban cuando decidían participar en política o ser socios de alguno de los caciques aspirantes a algún cargo de elección popular. ¡Hasta ahí llegaba el joven y su moral!

Así el problema existe  en la educación de niños y  muchachos en formación. Pueden decir que es responsabilidad de los padres quienes no educan bien a sus hijos.  Otros advertirán que es de las escuelas y colegios. Resulta que, en el primer caso, mamá y papá deben trabajar de sol a sol para llevar algo de alimento a la prole. El escenario es ocasionado por las nuevas condiciones del mercado, de la famosa “apertura económica o globalización”.

Si padre y madres no trabajan no hay con que sostener a la familia. Mejor dicho no tienen tiempo para atender a sus vástagos. Entonces el papel debe ser asumido en gran medida por los centros educativos, mejor dicho el Estado, el Ministerio de Educación.

Pero ocurre que de dos décadas para acá, en opinión de expertos, la autoridad académica se ha preocupado por la cantidad no por la calidad. En otras palabras se dedica a estimular “resultados métricos”, más no a formar seres humanos, con valor moral, con ética.

Hoy la señora Parody solo se ha preocupado por entregar tabletas digitales, a ampliar cupos en colegios y escuelas pero no en mejorar la calidad académica.

Niños y jóvenes, salvo casos excepcionales y por iniciativa del profesorado, hoy se enfrentan a una educación sin contenido moral, a cátedras que solo inspiran lo métrico: cuanto tienes, cuanto vales.

Pero ¿y en donde están los valores, la moral, la ética, el respeto por las normas y la sociedad? Eso es algo que no existe en la agenda del Gobierno. Mejor Dicho en la agenda de la señora en cuestión. Gina Parody.

En serio. Hace falta la Urbanidad de Carreño y la cátedra que llamaban comportamiento y salud.

En resumen el modelo educativo colombiano está equivocado. A eso hay que sumarle el mal ejemplo de quienes han sido elegidos para manejar el país.

Las tecnologías impulsadas por el mismo presidente Santos, las tabletas digitales, desde luego muy buenas, no han ido acompañadas de adecuada directriz, de una estrategia que permita, en realidad, formar seres humanos responsables, serios, con valores, comprometidos con la sociedad.

Por el contrario le ha facilitado a los jóvenes  acceder  a información que antes no imaginaban, siquiera, en su impetuosa curiosidad. Se han encontrado con que para alcanzar al poder, o sostenerse en él, pude acudir a acciones corruptas como distribuir el presupuesto nacional, la famosa mermelada del señor Santos.

Los muchachos de hoy saben que solo manda la ley del “dinero”; quién tiene plata hace lo que quiera para comprar lo que quieran. Fijémonos en alias “Jhon Calzones”, en el magistrado Jorge Ignacio Pretelt Chajub y muchos más.

Por ejemplo cuales son los privilegios con Roy Barreras de quién se dice es posible responsable de la quiebra, mejor dicho robo, de Caprecóm? ¿Y qué decir del ex Fiscal Eduardo Montealegre? Todos sabemos que éste último hizo lo que quiso en la Fiscalía.

Nunca permitió que se le investigara por el caso de Saludcoop de la  cual fue asesor usufructuando millonarios dineros aparentemente trasgrediendo las normas. Y más; ¿qué sucedió con la mona Natalia Springer –cuyo nombre original es Natalia Lizarazo Tocarruncho-  a quién le asignó un contrato por algo más de 4 mil millones de pesos sin  mayores justificaciones?

Como lo han dicho otros columnistas de esta página y otros medios: el principal autor y patrocinador de la corrupción del país hoy es el señor Juan Manuel Santos.

En últimas los más responsables son –o somos-  los colombianos quienes eligen a unos mandatarios, es decir presidente, congresistas, gobernadores, diputados, alcalde y concejales a quienes no les preocupa nada diferente a sus pretensiones particulares. Desde luego que hay excepciones, muy pocas pero las hay. 

Así la Policía, con lo que le queda de honestidad, está tratando de apagar el incendio que le creó el Gobierno, el Congreso y el Poder Judicial  con  todas sus herramientas de corrupción.

Si los colombianos no se comprometen –o comprometemos- en una causa o movimiento masivo contra la corrupción “apaguémonos y vámonos”. Por lo visto en las últimas encuestas sobre intención de voto  el próximo presidente podría ser Germán Vargas Lleras -mejor dicho Santos- o Gustavo Petro – versión colombiana de Nicolás Maduro-.

De esa forma al país le espera un futuro muy negro, oscuro de donde puede surgir cualquier cosa. Estén seguros que solo continuará corrupción y todo lo que ello significa a menos que el electorado se pare firme. En algún lado o rincón del país deben existir personas con capacidades y condiciones de alto valor moral.

No hay que tolerar nada que indique irregularidad. Hace poco, con ocasión de un informe sobre presunta anomalías en el Concejo de Fusagasugá en el otorgamiento viciado de una condecoración el Embajador de Marruecos en Colombia según leí en esta página, alguien dijo que era un asunto “chimbo”, insignificante –escenas parecidas son vistas en otras corporaciones públicas-.

Por esos asuntos “chimbos”, insignificantes, es que empiezan los delincuentes. Pablo Escobar comenzó robando lápices en su escuela y miren en lo que paró.

Finalmente y para redondear la idea la Policía no es la única responsable de la devastadora descomposición del país. La inseguridad es estimulada por gobernantes corruptos que reparten mermelada y muestran que lo más cómodo es ser inmoral, deshonesto; que la profesión más lucrativa es convertirse en político para hacerse a la torta que se reparte en cualquier instancia del gobierno.

El origen de la inseguridad, del hampa y la delincuencia se encuentra en los funcionarios corruptos que solo llegan a saquear las arcas del Estado, que se roban la plata para generar bienestar, empleo, salud, educación, alimentación para los niños pobres y la tercera edad, que se quedan con los dineros de las obras y a quienes no les preocupa nada diferentes a sus cuentas bancarias.

Si los colombianos no asumen –o asumimos- una actitud responsable eligiendo a ejecutivos o legisladores honestos no hay nada que hacer. ¡O díganme si no! ¿Tengo razón?

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