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Pongámonos en desacuerdo

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Por: Editor

El mejor escondite de la verdad, es la guerra: Uribe También se puede esconder renunciando oportunamente: Martínez Neira. Una pregunta simple para una respuesta lógica: ¿Es el interés de Estados Unidos superior al interés de Colombia en este caso específico de Santrich?

 

Opinión

Por: Octavio Quintero

Grupo GES

Es ejemplo y no paradoja que, quienes combatimos el proceso de negociación de la paz entre Santos/Farc-Ep por cuestiones de hermenéutica jurídica, ahora estemos del lado de la JEP, acatando la legislación expedida por el Congreso y las respectivas providencias de la Corte Constitucional que fueron avalando el proceso; y porque nunca estuvimos en contra de la paz en sí misma… Algo parecido creíamos de todos los que nos acompañaban o se identifican con nuestra posición expresada en el NO del plebiscito, incluyendo al expresidente Uribe y sus secuaces.

Hoy, al culmen del caso Santrich, tenemos que convenir, abismados y con profunda tristeza, que el expresidente Uribe quiere la guerra en este país. Y el asombro no es tanto, como la tristeza de ver que su prosélito mayor en esta horrenda causa es el propio Presidente de la República.

Me complacería que muchos de los que eligieron a Duque, a esta temprana altura de su Gobierno, hayan caído en cuenta de que estamos en manos de un joven inmaduro, con un viejo mañoso detrás, porque, aunque nos falte mucho para que amanezca, al menos tendríamos la esperanza de pasar al otro lado de esta horrible noche.

Algo nos dice que esta vez no estamos equivocados: la última encuesta de opinión muestra que el 60% de los colombianos desaprueba la forma como este joven está conduciendo al país, y el hecho más notorio de esta alta desaprobación, es que esa opinión se midió en lo más álgido del debate nacional sobre las objeciones presidenciales a la JEP.

En la estrategia de hacer trizas el acuerdo de paz, no solo para satisfacer su sed de venganza al “traidor”, el expresidente Uribe ha encontrado un filón más rico que las rechazadas objeciones: el caso Santrich.

No otra razón explica la obsesión del obsecuente Gobierno en extraditarlo contra viento y marea, tal como lo dijo el presidente Duque en su alocución del miércoles en la noche, en un discurso que resultó trágico y horrendo: trágico porque avizora consecuencias funestas y desgraciadas que producirán gran dolor y sufrimiento al pueblo; y horrendo, al ver al propio Presidente de la República atacando con rabia digna de mejor causa, la decisión de la JEP y, además, solidarizándose con un fiscal que en su airada renuncia, incita al pueblo a la desobediencia civil.

Debemos hacer un paréntesis para explicarle a los lectores que no estamos hablando de Venezuela sino de Colombia, y para recordarles que, en el caso del vecino, “así fue que empezaron papá y mamá”, desconociendo la institucionalidad del país, y miren donde va…

 

 

 

 

 

 

 

 

Retomando el tema, y si las cosas son como se dice en el comunicado de la JEP, no había otro camino en derecho, pues, aunque no lo cobijara una jurisdicción especial de paz, mal haría un juez, a estas alturas del derecho penal acusatorio que nos cobija a todos con el derecho inalienable al debido proceso, entregar en extradición a una persona reclamada por una corte de EE.UU., que se niega a aportar las pruebas de su acusación al sindicado; pruebas que, además, dice el Fiscal que lo detiene con fines de extradición, “son contundentes”, pero que tampoco aporta al expediente; “pruebas claras y contundentes”, repite el presidente Duque, como loro.

JEP

¿Es el interés de Estados Unidos superior al interés de Colombia en este caso específico de Santrich? No, yo creo que no. Allá lo quieren juzgar por el supuesto de que estaba maquinando entrar 10 toneladas de cocaína; y acá, por lo menos, fue determinador de muchos crímenes, secuestros, extorsiones y desplazamientos que dejaron miles de víctimas regadas por todo el país. Por eso nada más, debiera juzgarse primero en Colombia antes que en Estados Unidos.

Ahora, ¿por qué tanto escándalo en torno al caso? Ah, porque parece que les gustó hacer ‘emberracar’ a la gente para ponerla del lado de sus oscuros designios. Si algo quedó claro del debate en torno a las objeciones presidenciales a la JEP es que, a lo único que le teme el poderoso señor, es a la verdad que se esconde en sus largos 34 años como alcalde de Medellín, gobernador de Antioquia, director de la Aeronáutica, senador de la República, presidente y expresidente y nuevamente senador, mangoneando este país en lo político, económico, social, ambiental y castrense. Si para ocultar esa verdad, hay que incendiar al país, ¡alabado sea Dios!

Ojalá nunca llegue el momento de tener que decirle a Uribe: «Ave, Caesar, morituri te salutant»Y si llega, ojalá en la inmolación, él mismo acompañe a los héroes y mártires de la Patria. Entonces yo bajaré tranquilo al sepulcro.

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