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Siempre paga el pueblo, siempre, siempre.

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Por: Alejandro

Es normal, muy normal, parte de la cultura nacional, que los colombianos asuman los costos de los malos manejos, excesos y abusos tanto del Gobierno como de las empresas privadas de las cuales depende en gran medida la economía del país.  Sobran ejemplos como aquel en el cual, durante la presidencia de Andrés Pastrana Arango, el entonces ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, propusiera el 2 por mil – que después se quedó en el 4 por mil- con el propósito de salvar la banca que estaba al borde de la quiebra y amenazaba con destruir toda la estructura económica de la patria del Sagrado Corazón.

 

Opinión:

Por Por Eduardo José Narváez.

En esos días dijeron que aquello era temporal y que una vez  sanaran las venas rotas – o fueran cauterizadas en lenguaje médico-, mejor dicho cuando la banca superara las dificultades, el impuesto era retirado. No fue así y hoy los contribuyentes siguen pagando los desafueros y desaciertos de los banqueros, mientras los actuales propietarios de estos emporios siguen llenándose los bolsillos por costaladas.

Los reportes de los últimos años  una vez se tranquilizaron las aguas financieras, el público, sin entender bien lo que pasa, recibe noticias de que la banca alcanzó billonarias utilidades. Es hoy por hoy, de lejos, el sector más rentable; es ejemplo para el resto del mundo.

Por ello resulta tan atractivo para inversionistas extranjeros hasta el punto de que hoy la mayoría de las organizaciones del sector se encuentran en manos importadas. Buena parte pertenece a españoles.

No tuvieron que hacer paro; solo el Gobierno impuso su ley y listo. A pagar todos los de a pie. Nada parecido como lo ocurrido con los campesinos colombianos que tuvieron que hacer huelga, bloquear vías, paralizar ciudades y poner en jaque a la administración central para que atendieran sus reclamos; hasta pusieron muertos.

Algo parecido ocurre con los maestros, los trabajadores del poder judicial y la salud por solo mencionar unos pocos.

Con las protestas lograron que el presidente Santos les prometiera una serie de medidas que, hasta donde sabemos, no ha cumplido o ha cumplido a medias.

Similar episodio ocurrió con el mercado de la gasolina y sus derivados. Anunciaron e impusieron una fórmula con la promesa de que, cuando los precios del petrolero bajara igual ocurriría con los combustibles en las estaciones de servicio. Tampoco cumplió el ejecutivo y solo autoriza rebajas mínimas, risibles.

Ocurre que ahora, sin sonrojarse, el ministro de Minas, Tomás González, anuncia que deben incrementarse los precios de la energía alegando que el país requiere millonarias inversiones si no quiere enfrentar apagones como los registrados durante el gobierno Gaviria.

Dice que necesariamente debe mejorarse la infraestructura energética para superar las dificultades, es decir que se necesita dinero el cual será recaudado vía tarifas.  Otras vez a pagar todos los colombianos; indica que los aumentos serán temporales pero con lo ya visto no hay que creerle.

Lo grave es que, como sucedió con el sector financiero, la mayoría de los dueños de las empresas de energía son extranjeros; otra vez españoles. Pero, decíamos, que éstos obtienen billonarias utilidades que se llevan, para utilizar el mismo término, por costaladas para sus países, y no dejan remanentes a fin de asumir los costos de los trabajos que hoy requiere Colombia. El Gobierno tampoco los obliga aunque existen normas.

Entonces nuevamente serán los colombianos quienes tienen que asumir los costos de las reparaciones e inversiones que debe hacer la empresa privada. Eso es ¡insólito! Es como si los vecinos del barrio tuvieran que aportar para que el panadero y tendero del barrio no caiga completa quiebra porque las utilidades de su negocio los dedicó a darse buena vida, a comprar carros y casas, a viajar y en otros lujos incluyendo nenas.

Otro tanto ocurre con el sector de la salud cuyos millonarios recursos apropiados por todos los colombianos bien sea por aportes como contribuyentes o a través de los impuestos normales; la mayoría de esos dineros van a parar en los bolsillos de los corruptos sin que el Gobierno y las autoridades competentes hagan algo serios y radical por acabar con esa nefasta práctica.

Siguen muriendo niños, ancianos y toda clase de pacientes a la espera de atención médica. Pero este es otro tema que, seguramente, será ventilado más adelante en otra entrega de este autor. Solo hay que agregar que el presidente Santos, con bombos y platillos, anunció -¿recuerdan?- que ¡se acababan los paseos de la muerte! Todo sigue igual. Solo mentiras.

Ahora con esto de la energía las escenas son iguales. Ya pegaron el brinco la Procuraduría, la Contraloría y la Defensoría del Pueblo. Incluso algunos congresistas, como el  presidente del Congreso, Luis Fernando Velasco, se unieron a las voces de rechazo del pretendido incremento de las tarifas por la luz.

Coinciden en afirmar que no hay razón para que, en cierta forma, el Gobierno asuma un papel de alcahueta aceptando que los dueños de las generadoras de energía no se responsabilicen de los costos de los trabajos de infraestructura que hoy requieren sus empresas y se eviten racionamientos de luz.

Advierten que los dineros de las utilidades se las están repartiendo sin dejar remanentes para lo ya dicho. Entonces serán todos los colombianos quienes tengan que pagar por la negligencia de aquellos. Algo parecido a lo del tendero o panadero del barrio.

Y lo graves es que, además, el Gobierno pretenda entregar toda la infraestructura energética a manos privadas como lo viene anunciando con la venta de ISAGEN. Es esta la única empresa del sector que arroja utilidades para nueva inversión social.

Claro está que esto no es solo del actual mandato; igual ha ocurrido con Uribe, Pastrana, Samper, Gaviria y todos de ahí hacia atrás. Ni modos de pensar en un Gobierno de izquierda. ¿Qué tal con Petro? Sería peor como se está viendo. Ahora a los bogotanos y eventualmente a los colombianos  les toca asumir los costos de recuperar la Empresa de Aguas y Transmilenio por solo mencionar dos casos.

En resumen a prepararse para pagar los costos que las generadoras de energía privada necesitas; alisten las velas. Gracias presidente por ser tan comprensivo.

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