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¿Y del sector educativo, qué?

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Por: Editor

Gran paro educativo nacional, a punto de hervor ¡Ojo! que la tensión interna del país, exacerbada con la tensión internacional alrededor de Venezuela, no es la más propicia como para agregarle ahora un problema a punto de reventar.

 

Opinión

Por: Octavio Quintero

Grupo GES

Fuentes: Enlaces al final

Si el Gobierno Duque estuviera viendo la inmensa crisis que se abate sobre la educación pública en Colombia, como ve la lamentable crisis que azota a Venezuela, y con la misma obsesión le buscará salidas, tal vez la movilización social que se le viene encima arrancando este mes de octubre pudiera amainarla antes de que haga metástasis a otros sectores que solo están buscando una excusa para reventar.

Aparte de alborotar el avispero con el sensible tema de “Ser pilo paga”, la ministra de educación, María Victoria Angulo, va para dos meses de gestión sin abocar temas que tocan la estructura misma del sector eductivo que, no por venir de tiempo atrás, la excusan de la indiferencia que parece depararle a una crisis que, expresada en cifras, muestra un déficit de un billón 400.000 millones de pesos para el funcionamiento y de 15 billones más para detener el deterioro de las instalaciones universitarias, algunas de las cuales, como la misma U. Nacional en Bogotá, se caen a pedazos .

Los actores que intervienen en el sector educativo nacional son aguerridos en la defensa de sus intereses, sobre todo los estudiantes y profesores: eso lo sabemos, pero lo nuevo es que ahora se suma a las demandas el grupo de rectores y directivos de las 32 universidades públicas que funcionan en el país, conformando un frente amplio que tiene programadas varias movilizaciones, comenzando mañana 02 de octubre con la primera jornada nacional de movilización de estudiantes de educación superior en defensa de una agenda que han puesto a consideración del Gobierno, dentro de la cual se destacan dos puntos centrales:

El pago de casi 14 billones de pesos como deuda histórica del Gobierno a la universidad pública y, garantías democráticas para la participación, organización y movilización estudiantil, punto que va directo a las reiteradas y delicadas aseveraciones del ministro de Defensa, Guillermo Botero, en el sentido de “reglamentar la protesta social” que, según afirmó más luego, “están financiadas por los grupos armados”.

La reciente denuncia de la rectora de la U. Nacional, Dolly Montoya, ante una asamblea de universitarios en Medellín, refleja bien el drama en el renglón de funcionamiento:

“Necesitamos conseguir 60.000 millones de pesos antes de diciembre… Es urgente. En los últimos seis años, la universidad ha creado 36 programas de pregrado y posgrado sin que haya aumentos significativos en la base presupuestal. Cada vez tenemos más gastos, pero seguimos casi con el mismo dinero de hace mucho tiempo”.

Es patético el llamado que hoy le hace a la ministra, el Observatorio de la Universidad Colombia:

“Señora ministra: Usted no ha cumplido dos meses en el cargo y no ha tenido tiempo de disfrutar una luna de miel con el sector. Su silencio y falta de gestión ante las demandas de la universidad pública han ayudado a cultivar una alianza de rectores, profesores y estudiantes, a la que le falta muy poco para terminar de cocinarse y, si Usted no actúa eficazmente, puede costarle demasiado para su gestión”.

Mañana martes es el primer campanazo. Vienen otros más duros como el 06 (próximo sábado) en que se proyecta llevar a cabo una “reunión nacional de delegados estudiantiles”, la cual examinará la posibilidad de realizar un paro nacional universitario respaldado tanto por estudiantes, profesores, rectores y directivos de las universidades públicas, rematando el 10 (próximo miércoles) con la gran marcha nacional estudiantil que tiene como propósito conseguir un aumento significativo del presupuesto destinado a la educación y evitar así el colapso de las universidades públicas.

Desde la famosa “declaración política” de la MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil) que el presidente Santos logró apaciguar a base de sus famosas promesas incumplidas, no se respiraba una tensión igual en el sector educativo, y los motivos son los mismos que antes:

La política educativa de Colombia en los últimos 25 años de gestión neoliberal, se ha diseñado e implementado de espaldas al país y a la comunidad académica, acompañada de una alta dosis de demagogia.

El actual Gobierno Duque, en el ánimo de aparecer opuesto a Santos, ha soltado la cortina de “Ser pilo paga”, pero, lo cierto es que en todo lo demás, su política educativa responde a los mandatos impartidos por la OCDE y el Banco Mundial; a estudios de USAID y asesorías de la fundación FORD, entre otras agencias, claramente comprometidas con hacer de la educación superior, en el mundo, un vil negocio de las trasnacionales y del capital financiero.

¡Ojo! que la tensión interna del país, exacerbada con la tensión internacional alrededor de Venezuela que le viene sumando la actitud del Gobierno Duque, no es la más propicia como para agregarle ahora un problema a punto de reventar.

Enlaces relacionados para mayor información

Ministra. Actúe ya antes que se le haga tarde

Réquiem por las universidades públicas

Pliego de peticiones estudiantes

Declaración política de la MANE

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